De la pantalla al aula: La Esencia de la Presencialidad en la Educación Superior
En el mundo educativo, la tecnología es una herramienta poderosa, pero esto no resta relevancia a la escuela y la pedagogía, que son elementos esenciales en la formación de los estudiantes (Byron, 2022, como se citó en InfoUNSA, 2022). Esta afirmación cobra mayor relevancia al recordar a la pandemia, el cual fue uno de los eventos más trascendentales del siglo XXI, que provocó un aislamiento social transformando drásticamente las interacciones cotidianas y afectando en gran manera al sector educativo. La enseñanza tuvo que adaptarse al entorno virtual, tanto en la manera de impartir las clases como en el rol fundamental que desempeñaron las herramientas virtuales como respuesta a la paralización de la educación tradicional. Estos cambios dejaron una huella duradera en el sistema educativo actual, abriendo un debate fundamental: ¿Es la educación presencial la alternativa más efectiva para potenciar el aprendizaje, mejorar la accesibilidad y fomentar las habilidades sociales? En el ámbito de la educación superior, técnica y universitaria, se sostiene que la enseñanza presencial proporciona ventajas más significativas que la modalidad virtual no puede ofrecer.
En primer lugar, una de las diferencias más evidentes entre la
educación virtual y la presencial es la relación que se establece entre el
estudiante y el docente. Si analizamos la educación presencial, los alumnos
suelen desarrollar mayor confianza y participan de manera más activa, pues la
percepción de una evaluación continua y la consecución de los logros esperados
fomentan un mayor sentido de autoexigencia y compromiso (Becerra & Simkin,
2013). Además, el profesor juega un rol fundamental en el desarrollo de los
alumnos, no solo como apoyo emocional, sino también al personalizar su
enseñanza si algún alumno presenta una deficiencia (Aguilar, 2020). Sin
embargo, al mencionar la educación virtual, es importante señalar que, aunque
facilita que los estudiantes puedan evadir evaluaciones o participar menos en
clase, también es esencial fomentar la autoevaluación; si esta no se
desarrolla, el proceso de aprendizaje se verá afectado significativamente (Manrique,
2004). También, cuando hablamos de la conexión personal y la relación que se
establece con cada alumno, esta se pierde en la educación virtual, puesto que
la brecha de separación que generan las pantallas no permite al profesor tener
contacto directo con los estudiantes (Manrique y Ramírez, 2024). Bajo dichas
premisas, se concluye que la presencialidad en el ámbito educativo genera una
relación interpersonal con el alumno, así como una relación grupal con los
estudiantes de la clase, facilitando la evaluación de estas dinámicas, aspectos
que se pierden o se presentan de forma ineficiente en la virtualidad.
En segundo lugar, se debe tener en cuenta el rol socializador de las
instituciones pedagógicas para la formación íntegra de los estudiantes. La
interacción entre alumnos genera una dualidad entre los ideales con la
perspectiva de los demás, para poder generar un sentido de cohesión como
formación de una personalidad que no sea soslayada por la sociedad. Según
Echevarría, esta subcomunidad genera un apoyo mutuo entre los estudiantes, como
un intercambio de ideas que fomenta un mejor aprendizaje, generando en el
individuo un conjunto de abstracciones que se adhieren de forma saludable a sus
propios ideales (2023). En suma, esto promueve un mayor sentido de humanidad y
desarrollo intrapersonal, lo que ayuda a construir una identidad profesional
auténtica capaz de enfrentar los desafíos del entorno laboral.
Por otro lado, la masificación de la educación virtual, especialmente
durante la pandemia, ha generado un aumento significativo en los casos de plagio.
La facilidad para acceder y copiar información en línea, junto con la falta de
supervisión adecuada, ha llevado a un aumento significativo en los casos de
plagio en diversas instituciones, debilitando la calidad de los trabajos
académicos y comprometiendo la formación de los estudiantes. Numerosas
instituciones educativas reportaron un incremento en los intentos de plagio en
diversas evaluaciones, desde exámenes de admisión hasta trabajos de
investigación que se vieron facilitados por el uso de herramientas virtuales
dentro del marco educativo (Roquet, 2024). Un ejemplo notable de esto fue la
anulación del examen de admisión 2022-II de la UNMSM, que, según Infobae “Las
filtraciones de las respuestas y los plagios ocurren desde las pruebas
virtuales de 2020” (Infobae, 2022). Por ende, el plagio afecta la calidad del
aprendizaje e impacta negativamente en los procesos cognitivos superiores, pues
evita que se desarrolle la capacidad de pensar de manera autónoma e impide que
se den actividades que generen ideas novedosas; además, esto también afecta los
procesos investigativos, puesto que limita el potencial creativo de los
estudiantes y obstaculiza el progreso de la investigación.
Prosiguiendo, existen algunas carreras universitarias que requieren de
un pragmatismo profesional, convirtiendo a la presencialidad en un aspecto
esencial para garantizar la fiabilidad y la competencia profesional. Por ello,
como expresan Fukuhara y Fernández; la virtualización ha permitido dar
continuidad a la educación; sin embargo, existen carreras profesionales que
requieren práctica en condiciones reales, pues es necesario que el estudiante
logre las capacidades que exigiría su desempeño laboral (2022). Es decir, el
egresado debe presentar actitudes y aptitudes que evidencien que el
conocimiento adquirido se puede trasladar a una problemática cotidiana, donde
no debe haber incertidumbre en la solución. Por ejemplo, en un escenario
hipotético, un médico o ingeniero egresado exclusivamente de la virtualidad
podría tener una sólida base teórica, pero carecería de la experiencia práctica
necesaria para aplicar eficazmente sus conocimientos en situaciones reales.
Asimismo, como indica Caballero et al.; si bien es cierto que la tecnología
conlleva el uso de herramientas digitales, los cuales son más empleados en el
ámbito académico, no se niega su potencial ni los proyectos del uso de
instrumentos virtuales en el estudio para carreras como de la salud, sin
embargo, estos siguen teniendo muchas brechas que impiden su uso actual (2023).
Esto podría resultar en una aplicación inadecuada de procedimientos, como en
cirugías o evaluaciones técnicas, aumentando el riesgo en el margen de errores
y afectando negativamente la calidad del servicio; en consecuencia, se corre el
riesgo de formar profesionales menos aptos y calificados.
Por otra parte, los recursos económicos ejercen una influencia
significativa y cada vez mayor en el ámbito virtual. La capacidad de acceder a
internet y a diversas plataformas digitales depende en gran medida de la
posesión de dispositivos como computadoras, tablets o celulares y de los costos
de estos dispositivos que puede ser un obstáculo esencial para muchas personas.
Asimismo, la calidad y velocidad de la conexión a internet también están
condicionadas por factores económicos. Por ejemplo, las zonas rurales o de
bajos ingresos suelen tener un acceso limitado a internet de alta velocidad, lo
que limita las oportunidades de participación en actividades en línea. Como Van
Dijk señala, esta disparidad en los recursos económicos da a conocer una brecha
digital que refleja una nueva dimensión de la ya existente desigualdad social
en la que se vive (2006). Por ello, las personas que cuentan con menores
ingresos tienen menos oportunidades de acceder a recursos educativos puesto que
no cuentan con un poder adquisitivo ideal de estos. De igual manera esto
influye también en la relaciones sociales debido a que las plataformas
digitales son espacios claves para la interacción social y participación
ciudadana.
Asimismo, la educación presencial facilita una
inserción activa en la realidad nacional, pues vincula al estudiante con las
dinámicas laborales, políticas y sociales del entorno. En el ámbito laboral,
favorece la creación de redes de contactos profesionales; pues como señala
Castro (2021), estas redes permiten que personas con un mismo interés
vocacional formen relaciones duraderas que les ayuden a obtener
recomendaciones, acceder a oportunidades laborales o colaborar en proyectos y
sociedades. En este sentido, la presencialidad se convierte en un medio para la
formación de “contactos” que pueden acelerar la búsqueda de empleo y el éxito
laboral. Por otro lado, en el ámbito político y social, la presencialidad
fomenta que los estudiantes se involucren en movimientos sociales y en la
participación política. Ftah (2018) expresa que la labor de los docentes es
fundamental, ya que ellos sensibilizan a los alumnos sobre las injusticias
sociales y su responsabilidad cívica; ello evidenciaría que el estar envueltos
en un entorno educativo físico les permite a los estudiantes organizarse y
movilizarse colectivamente ante problemas sociales y políticos, cultivando así
una auténtica conciencia cívica y activismo.
Con respecto al desarrollo de habilidades
vinculadas a la expresión corporal, como la oratoria, la presencialidad influye
positivamente en su desarrollo. Esto solo es posible en los entornos físicos,
pues como señala Pérez (2014), las sensaciones de estar frente a un público,
junto con los nervios, el miedo, la ansiedad y el sudor en las manos, surgen
cuando el orador está frente a una audiencia real, algo que no puede
reproducirse completamente en espacios virtuales. En este contexto, la
presencialidad favorece una conexión emocional con el público a través de la
retroalimentación, el contacto visual y la presión social, lo que permite al
orador desarrollar habilidades necesarias para comunicar su mensaje de manera
clara y eficaz, de acuerdo con su propósito comunicativo. Esto es algo
importante en carreras como Derecho, Periodismo y Comunicación Social, donde la
capacidad de expresarse bien y ser un buen orador es fundamental para
sobresalir.
En conclusión, la afirmación de que la enseñanza presencial proporciona ventajas más significativas en comparación con la modalidad virtual queda claramente respaldada en el ámbito de la educación superior, técnica y universitaria. La educación presencial genera un mejor vínculo entre los alumnos, así como una relación más sólida entre estos y su docente; además, las constantes evaluaciones, el desarrollo del marco práctico, la inserción de una visión adecuada de la realidad, y el fomento de habilidades blandas dan como resultado un óptimo aprendizaje; en cambio, la virtualidad, si bien fue necesaria en el contexto de la pandemia del 2020 y ha demostrado su potencial en el ámbito educativo, actualmente no es eficaz, ya que genera una desvinculación del alumno con su aprendizaje, aumenta el plagio y fomenta una perspectiva errónea de la realidad social a la que se enfrentará. Después de todo lo expuesto, es fundamental reflexionar sobre el valor de la educación presencial y los posibles efectos negativos que podrían surgir al depender en exceso de la virtualidad como principal herramienta en la formación de estudiantes de carreras técnicas o profesionales.
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